Helena…

La luz se iba alejando mientras Helena entraba en un estado de inconsciencia infinita en el que su infancia y adolescencia se mezclaban a una velocidad de vértigo. Los recuerdos se enredaban entre sus cabellos a la vez que el aire se hacía más vital que nunca. Su corazón se aceleraba por momentos y latía al ritmo y parpadeo de un proyector de cine. Fotografías de su vida, pasajes de su existencia, enmarcadas bajo una sonrisa desvaneciente…

Helena siempre aprovechó todos los trenes que pasaron por su vida, con paradas llenas de luz y esperanza. Pero esta vez la luz se apagaba…

Directa hacia la oscuridad.

Un dolor insoportable en el pecho hizo que el proyector dejara de funcionar, y que se detuviera en el fotograma de su amado… Un último aliento, un grito inaudible llenaron sus pulmones de agua.

Sus manos se abrieron dejando escapar un libro que flotó sobre las aguas del lago, ocultando lo ocurrido para siempre.

Manuel Míguez.

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Lo prefiero.

Algunas puertas no deberían abrirse jamás… Miras dentro y…

Ya no importa lo que sepas o no, te torturarán de igual modo…

Ya no importa lo que hagas o no, te condenarán de igual modo…

No te arrepientas de nada, aprieta los dientes, no dudes…

Yo… prefiero arder en el infierno a que su Dios le ponga nombre a mis pecados… a que me ponga una mano encima…

Pero… ¿Y si el infierno estuviera totalmente desierto? ¿Y si no hubiera nadie allí a quien odiar?

Aun así…

…me siento mas cómoda entre tinieblas que rodeada de falsos querubines creyendo ser felices…

Isabel Valle

 

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Mi Mente

Mi voz rompe tu silencio

y calma tu tempestad interior.

Te susurraba canciones al oído

viendo nevar desde aquel postigo.

¿Sientes tú lo mismo que yo?

Es misterioso este encuentro

en el más inconformista de los mundos.

Inexplicable de decir, la forma

en la que me entregué a ti.

Sólo al oír tu voz, me dije

serás mía, y solo aquel día

fui más feliz que en toda

una vida ya lejana, llena de letargos

y de melancolía.

Jesús Gandul Moreno

¿Perdido o incapaz de afrontar la realidad?

Cada día que pasa cuenta en negativo. ¿Hacia dónde? La muerte nos sienta bien…

El Carpe Diem no tiene cabida en mi cerebro. A la vertiginosa velocidad del mundo el futuro ya es pasado.

Manuel Míguez

Placer, vuelva usted mañana

Cuando era pequeña, el día que tocaba filete con patatas se convertía en un verdadero suplicio. No me gustaba el filete. Reconozco que, en general, era mala comilona. Mi madre, con paciencia y perspectiva, me repetía que de mayor me acabaría gustando todo lo que está mandado. Pero a mí me parecía algo tan remoto como improbable.

Lo sé. No estamos aquí para hablar ni de mis predilecciones culinarias ni de mis anécdotas de infancia. Vengo a resaltar el caso por otros motivos. Lo que hacía entonces era trocear la carne con mucho ritual, camuflarla con cantidades ingentes de ketchup y mayonesa, masticarla con abnegación hasta que se me hacía una bola y, finalmente, deglutirla como una mártir. Para el final me dejaba las patatas. Que éstas sí que me gustaban.

¿Y qué? Pues pasa que por entonces no me lo podía imaginar, pero estaba aplicando un principio conocido como “postergación del placer”. Es decir, dejar para luego aquello que te gusta porque en el entretanto se crea un regocijo inmenso y extático, más intenso en ocasiones que el propio placer. O, expresado con las palabras de Punset, “la felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad”.

¿Por qué ocurre esto? Qué sé yo, pero debe de ser por algún motivo evolutivo. Si sabemos controlar nuestros instintos, tenemos más posibilidades de éxito. De hecho, y según se nos contaba también en un programa de Punset, había un experimento sobre este asunto con niños.

Se  les da una chuchería. Se les dice que si son capaces de esperar 15 minutos, se ganarán un segunda golosina. Los que sabían reprimir su impulso de comérsela y aguardar para conseguir la otra, después, pasado el tiempo, eran los adolescentes que sacaban mejores notas.

Aunque he tardado en darme cuenta, ahora sé que las personas no cambiamos. Aplicamos una misma forma de proceder a todas las facetas de la vida. Sólo modificamos nuestra conducta cuando nos obligan. Pero si nos liberamos de esa obligación, aunque sea mínimamente, volvemos por nuestros fueros. Vamos, que cuando “uno tiene un vicio, si no se mea dentro, se mea en el quicio”.

Pero retomemos lo de dilatar el placer. Aparte del sesgo sexual que tiene el asunto, que ya sé que esto es lo primero en lo que habéis pensado, en mi caso aplico la postergación del placer a toda actividad que se tercia. Son esas manías en las que me sorprendo in fraganti a mí misma con una sonrisa socarrona.

Por ejemplo, ¿qué motivo medianamente lógico hay para guardar las bolsas con la ropa que compro en el armario hasta el momento en que estreno la prenda en cuestión? Ninguno, porque además se arruga. Mi teoría es que postergo el placer de enfundarme un hábito nuevo.

¿Por qué elijo con sumo cuidado una cosa concreta de entre una serie de cosas iguales? Es el caso de los libros. Busco en el montón hasta que encuentro el de la cubierta impoluta, el de las esquinas inmaculadas, el lomo menos estropeado y hasta reviso el interior por si hubiera alguna página doblada o destintada. Es ridículo, porque una vez que entra en casa admito con naturalidad que el libro en cuestión se estropea por el uso y me alegro de ello. Insisto. Supongo que es porque postergo el estreno.

Por eso detesto que alguien me adelante qué se cuenta en un suplemento dominical cuando todavía no lo he leído. Por eso también, de mi bandeja de entrada, leo el correo que más me complace al final. Por eso retardo abrir un sms que sé que es de mi agrado. Por eso, incluso, tiendo a ser noctámbula. Y por eso, pese a que muchos me lo refutarían, soy una impuntual incorregible.

A menudo me pregunto si la gente también hace chorradas del género. Y… ¡he descubierto que así es! Lo he constatado cuando he estado comprando algo con alguien y también repasaba todas las existencias de lo que quiere adquirir, hasta que da con la que le parecía adecuada. Así que no soy tan rarita. ¿O sí? Porque todavía no os he dicho que sigue sin gustarme el filete…

Mónica Gata

 

 

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Amor Versus Pasión

Y aunque creéis ser distintos, cuando estáis juntos toda desemejanza desaparece y la perfecta unión de vuestros cuerpos hace que no seáis tú y yo, sino que forméis un nosotros.Y esa sensación es la que hace lanzarte al vacío, sin paracaídas. La pasión es ese deseo mágico e involuntario que te imanta a un cuerpo rompiendo todas las reglas. Quieres atrapar y hacer eterno cada momento. surge de manera que no la esperas y quiebras todas tus reglas por una, dos o quién sabe cuántas noches más. Si esa pasión no exige promesas, ni compromisos, sólo has de darte a ella…has de aventurarte… La pasión se da en una de esas sesiones que dejan extenuado el cuerpo y desahuciada el alma, esas noches que se te hacen cortas y el alba te sorprende sin darte tiempo, antes de que el sueño te rinda, a pensar si cuando despertéis seguiréis juntos. El acople perfecto de dos cuerpos deseosos, una noche, y dos, y tres…sentir por un momento que tu cuerpo y tu boca encajan perfectamente en ese otro ser… No se trata sólo de sexo…yo me he dejado un trocito de mi corazón en cada uno de esos encuentros contigo… El amor tiene que ver con largas y cómodas conversaciones, tiene que ver con aprender a es confianza, es constancia, es entrega. No tiene nada que ver con esas pelis románticas que nos intentan vender el amor como un cuento de hadas, haciéndonos creer que lo más romántico del mundo es que te llenen la cama de pétalos de rosas, que te sorprendan con un fin de semana en París, que te dejen encima de la cama una cajita con un conjunto de lencería sensual y una notita en la que ponga: “Hoy tengo ganas de ti”, que te preparen una cenita con velas, que te llenen la bañera de agua caliente con aceites esenciales, que cada aniversario el regalo sea más sorprendente… ¡Claro que todo esto me parece súper bonito! A todos nos gustan estas cosas… pero todo esto es muy fácil. lo difícil es que te entregues en cada dulce beso que das para despertarlo cada mañana después de años compartiendo las mismas sábanas… Lo romántico es que sigas besando a esa persona de la que hoy estás enamorada con la misma intensidad que lo haces ahora…hasta que se te arruguen los labios. La frase de amor perfecta es:

- Quiero envejecer a tu lado.

Suena… aunque tú no lo sepas (Enrique Urquijo)

Por Laura Zamorano.

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Mi mente

Gritos mudos.

El pánico atasca mis poros ensangrentados de tanto dudar; mi naturaleza insegura crea un sinfín de confusiones certeras y tú…

Todo mi ser te nota presente, mis ganas te sienten aquí, pero la oscuridad azota con su lado más tétrico hundiendo mi ilusión y dudando de un sentimiento puro. Mi voz debería sonar firme, certera, feliz, pero un quiebro en mi lamento desgarra mi garganta produciendo una afonía incontrolable.

Isabel Valle

¿Quién eres?

Desnudar tu alma ante desconocidos no es fácil, lo sé, pero el anonimato te ayuda. Desde ipswich, desde Vancouver, desde Barcelona, desde Munich o quizás a 20 metros de donde estoy, detrás de esa pared que crees que te protege… desde dónde importa poco, ahora estás en mi mente…

Lain de Macías

Yo quiero ser Pasión.

Tu pasión consumada.

Y dejar tranquila mi alma.

Yacer a la luz de una luna

que de sol está preñada.

Jesús gandul moreno

 

 

La Devaluación de la palabra

En un sistema cerrado, condiciones ideales.

Con algunas personas pasa lo mismo que con esas palabras que de pronunciarlas tanto y tan seguidas pierden el sentido.

Por ejemplo, se puede decir la palabra necesito sin problema alguno, y te entienden y tú lo entiendes y todos contentos y civilizados. Hace mucho que se inventó el lenguaje. Plas, plas, plas, aplauso para la historia del ser humano, no es mérito nuestro.

El problema llega cuando estás sólo, cuando repasas mentalmente lo dicho y a cada vuelta de carro la palabra en cuestión te resulta distinta. Piensas: necesito, necesito, ¿necesito?, necésito, nécesito, y antes siquiera de darte cuenta ya has perdido el significado de lo dicho y te has quedado con cuatro sílabas que bailan por la oscura pantalla de tus meditaciones: ne-ce-si-to, que más bien podrían formar un diminutivo o el nombre de la capital de algún país reciente del este de Europa. Voy más allá, si se insiste mucho en el tema, podrías llegar incluso a dudar del orden de las sílabas o de si realmente existe la palabra necesito. Te sientes raro, la sientes extraña y, lo que es peor, ella te siente extraño a ti porque no es capaz de acomodarse en tu boca.

 

Lo reconfortante es cuando, una vez que todo descansa en el profundo interior de la madeja de las cavilaciones, la ves venir a ella con su sonrisa y sientes la necesidad de expresar eso que ya sabías antes de conocerla, y de tus labios brota aquella palabra que creías hace poco extraña, pero que ahora notas natural, porque siempre ha estado ahí y es adecuada a la ocasión, y puedes por fin mirarla a los ojos fijamente y decirle Te necesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesitonecesito… sin miedo a que nada pierda su sentido.

Por David Perea Mora