¿La democracia ha vencido?

La democracia ha vencido y el Pueblo con mayúsculas ha logrado echar a patadas al tirano de Egipto. La verdad es que es para sentirse orgullosos, ahora vemos con toda nitidez, que el pueblo unido jamás será vencido. Y lo de “ver” lo decimos en el sentido más literal de la palabra, ya que hemos sido partícipes en rigurosísimo directo de esas manifestaciones multitudinarias en la famosa plaza Tahrir. Y cómo el presidente de nuestros eternos salvadores, Obama, nos tranquilizó alegando que  E.E.U.U. defenderá los derechos del pueblo egipcio. Ufff aquí huele a chamusquina. Eso en el idioma yanqui significa que las tropas americanas invadirán el país para “mantener la paz” y  es posible que las grandes reservas de petróleo y recursos minerales que posee Egipto no tengan nada que ver en todo esto. Esto me suena. No sé si será un “déjà vu”, pero esto ya lo hemos vivido antes.

No contentos con esto, seguimos de enhorabuena, ya que ahora le tocará el turno al dictador de Libia. Que se vaya agarrando los machos porque sus días en el poder están contados. Gadafi tus días han tocado a su fin, por la cuenta que te trae, recoge tus bártulos y vete con tu séquito a tu desierto más cercano, porque esta gente está dispuesta a meterte en salmuera.

Un poco de miedo la verdad es que me da. Estos putos yanquis, amos del universo, están dispuestos a todo. ¿Qué demonios es eso de la democratización? ¿De veras se puede democratizar a cojones? ¿No es eso una nueva forma de tiranía? Yo no tengo ni idea, pero vuelvo a decir que aquí huele a pelo quemado.

La verdad es que la forma de darle la vuelta a las cosas es de una inteligencia pasmosa. Para conseguir sus objetivos nos hacen creer que es la sociedad la que pide cambios, unos cuantos de miles de personas en la calle, unas cuantas víctimas de un gobierno irresponsable, y ahí tenemos el caldo de cultivo para que las naciones unidas puedan encauzar a su antojo los designios de un país, que por más que queramos jamás podrá ser democrático. Y es que una sociedad, en su mayoría musulmana, difícilmente podrá abrazar la democracia como nosotros los superdesarrollados occidentales la concebimos. Ya que da la impresión que el pueblo musulmán, al igual que los budistas o hinduistas, no se sienten más libres ni más felices depositando una papeleta en una urna, sino acatando de forma voluntaria las decisiones de las personas que para ello tienen la autoridad moral, y eso, lo entendamos o no, a ellos sólo les viene de arriba, de los cielos. Y es por eso, que creo, que no hay peor forma de colonialismo que la tentativa de exportar a la fuerza o con halagos, tanto da, las costumbres de cualquier país a otro que las tiene diferentes.

De todos modos, aquí  poco o nada tenemos que decir, nuestra voluntad no cuenta para nada, somos simples títeres que de vez en cuando creemos, o más bien, nos hacen creer, que podemos solucionar las cosas. Nada más lejos de la realidad. Será pesimismo, pero pienso que lo máximo que se nos permite es el derecho a pataleo y disfrutar en directo (ventanita arriba de nuestros televisores las 24 horas con lo que ocurre en la plaza egipcia) de lo que debemos creer que sucede en el mundo.

Por Jorge Portillo Martín

¡Vivan las Rubias!

Hoy desde aquí me gustaría hacer un homenaje, un merecido tributo a las rubias. ¿Por qué no? esas rubias que tanto nos han dado sin pedir casi nada a cambio. Ésas con las que todos hemos empezado a hacernos mayores, ésas que distinguían, desde nuestros comienzos mozos, a los niños de los que ya se hacían adultos o lo querían parecer. Ésas que tantos y tan buenos encuentros han propiciado y ésas que hacían que los no tan buenos mejoraran por un módico precio. Si lo pensamos bien, siempre han estado ahí. Me han acompañado en todas mis salidas, juergas y fiestas, ya sea por mi ciudad o por cualquier otra del mundo.

Es cierto que no sólo las rubias me gustan, también las tostadas y negras me han dado mucho placer, da igual, que más da su color, si está buena, está buena. Y es ahora más que nunca cuando su merecido gusto por satisfacernos se verá incrementado, ya que una buena cervecita en los bares estará más sola que nunca. Y es que su compañero de fatigas en los bares y tabernas está totalmente prohibido. Ya no podremos nunca más acompañarla de un cigarrito. Porque una birrita sin el cigarrillo jamás será lo mismo, al menos para los que gustamos de los malos humos. cierto es que no hay que desesperar, ¡que vivimos en Sevilla, joder!, que de 365 días al año sólo tenemos un puñadito pasados por agua (bendito clima), el resto, ¡vámonos a la terracita que son tres días y ya nos hemos comido dos!

Dicen que fueron los egipcios los que, con gran acierto, comenzaron a fabricar y consumir este oro líquido. ¡Qué tíos! al parecer, fueron también los inventores del preservativo y de los tacones altos para sus mujeres. No, perdidos no iban. Y aunque es a los romanos a los que atribuimos las grandes bacanales y el “carpe diem”, fueron los de los jeroglíficos los precursores de todo el “sarao”. nos ha llegado que, en sus grandes fiestas para ricos, al terminar sus opulentas comilonas, un sirviente pasaba por toda la mesa una suerte de ataúd y decía: “mira, bebe y huelga que así serás cuando mueras”. Y ni que decir tiene, que con la paranoia que tenían con la muerte, no se lo pensaban dos veces. Y nosotros comiéndonos la cabeza con sus escritos jeroglíficos, seguro que ni ellos mismos tenían ni puñetera idea de lo que escribían. Así que, yo lo tengo claro, que se quiten las pirámides, el embalsamamiento y el papiro, la cerveza es su gran aportación a nuestros días.

Hay que reconocer que es difícil resistirse a una rubia, sobre todo en esos tórridos veranos andaluces cuando más aprieta el solito. Y ahora que vengan del resto del estado español y nos digan que somos unos vagos. Que si eso, que tiren pa’cá en agosto y a las cuatro de la tarde, con 45 grados a la sombra (sin exagerar), después de ocho horitas de currelo, cinco botellines de cruzcampo y medio lebrillo de gazpacho migadito, ¿a ver qué se les antoja hacer?, porque lo que es a mí, lo que me pide el cuerpo es poner el split y pegarme una siesta egipcia, a lo que dé.

Por Jorge Portillo

 

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