Orgulloso de ser “ANDALÚ”

Siempre me he sentido orgulloso de ser andaluz, siempre he llevado a gala la pasión por mi tierra y aunque a veces es difícil de entender, siempre he creído en nuestra superioridad como pueblo. Y cuando de superioridad hablo, no me refiero a ese sentimiento fascista de supremacía racial, qué tontería, me refiero a esa manera de afrontar la vida, con todos sus quebraderos de cabeza, que por estos páramos llevamos.

Y es que, para hacer justicia, y no pecar de ceguera nacionalista, hay que reconocer que en ningún sitio como aquí se disfruta de la máxima “al mal tiempo buena cara”, y evidentemente no estamos hablando de meteorología, sino de la que está cayendo, llámalo crisis, llámalo putada. Tampoco voy a entrar en ese tópico que tanto se oye por las calles…”no estará la cosa tan mala cuando están to los bares hasta las trancas”. Vamos a ver criatura, para que un andaluz deje de tomarse una cervecita con su tapa en una terracita hace falta mucho más que esto, me cago en esta crisis si piensa que me va a privar de semejante placer, ya me lo quitaré de otros menesteres.

Otra de las causas que hacen que me sienta satisfecho de mi origen es nuestra lengua. Joder, que pena me da de esa gente que se avergüenza de nuestra habla, que en cuanto pisan tierra extraña ya están metiendo eses donde no caben. Peor para ellos si no saben apreciar el poder de su diferencia, sino que se empequeñecen ante cualquier castellanoparlante. Yo soy de la máxima “habla bien, habla andalú”. Si elimináramos ese tipo de prejuicios otro gallo nos cantaría. No lo sé, pero estoy casi convencido que algunos personajillos como Séneca, Averroes, Góngora, Velázquez, Bécquer, Machado, Manuel de Falla, Picasso, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Blas Infante o Lola Flores, Camarón, Carlos Cano y Paco de Lucía por poner sólo un pequeño ejemplo, con todo lo que han aportado al mundo, cada uno en su Arte, no se sentirían demasiado agradecidos a un pueblo que reniega de sí mismo.

Es por esto y por mucho, muchísimo más por lo que me siento dichoso y afortunado de pertenecer a esta bendita tierra, con sus defectos (que los tenemos y muchos, a ver cuando despertamos) y sus virtudes. Así que si eres andaluz enhorabuena y si no bienvenido seas.

Jorge Portillo Martín.

 

¿La democracia ha vencido?

La democracia ha vencido y el Pueblo con mayúsculas ha logrado echar a patadas al tirano de Egipto. La verdad es que es para sentirse orgullosos, ahora vemos con toda nitidez, que el pueblo unido jamás será vencido. Y lo de “ver” lo decimos en el sentido más literal de la palabra, ya que hemos sido partícipes en rigurosísimo directo de esas manifestaciones multitudinarias en la famosa plaza Tahrir. Y cómo el presidente de nuestros eternos salvadores, Obama, nos tranquilizó alegando que  E.E.U.U. defenderá los derechos del pueblo egipcio. Ufff aquí huele a chamusquina. Eso en el idioma yanqui significa que las tropas americanas invadirán el país para “mantener la paz” y  es posible que las grandes reservas de petróleo y recursos minerales que posee Egipto no tengan nada que ver en todo esto. Esto me suena. No sé si será un “déjà vu”, pero esto ya lo hemos vivido antes.

No contentos con esto, seguimos de enhorabuena, ya que ahora le tocará el turno al dictador de Libia. Que se vaya agarrando los machos porque sus días en el poder están contados. Gadafi tus días han tocado a su fin, por la cuenta que te trae, recoge tus bártulos y vete con tu séquito a tu desierto más cercano, porque esta gente está dispuesta a meterte en salmuera.

Un poco de miedo la verdad es que me da. Estos putos yanquis, amos del universo, están dispuestos a todo. ¿Qué demonios es eso de la democratización? ¿De veras se puede democratizar a cojones? ¿No es eso una nueva forma de tiranía? Yo no tengo ni idea, pero vuelvo a decir que aquí huele a pelo quemado.

La verdad es que la forma de darle la vuelta a las cosas es de una inteligencia pasmosa. Para conseguir sus objetivos nos hacen creer que es la sociedad la que pide cambios, unos cuantos de miles de personas en la calle, unas cuantas víctimas de un gobierno irresponsable, y ahí tenemos el caldo de cultivo para que las naciones unidas puedan encauzar a su antojo los designios de un país, que por más que queramos jamás podrá ser democrático. Y es que una sociedad, en su mayoría musulmana, difícilmente podrá abrazar la democracia como nosotros los superdesarrollados occidentales la concebimos. Ya que da la impresión que el pueblo musulmán, al igual que los budistas o hinduistas, no se sienten más libres ni más felices depositando una papeleta en una urna, sino acatando de forma voluntaria las decisiones de las personas que para ello tienen la autoridad moral, y eso, lo entendamos o no, a ellos sólo les viene de arriba, de los cielos. Y es por eso, que creo, que no hay peor forma de colonialismo que la tentativa de exportar a la fuerza o con halagos, tanto da, las costumbres de cualquier país a otro que las tiene diferentes.

De todos modos, aquí  poco o nada tenemos que decir, nuestra voluntad no cuenta para nada, somos simples títeres que de vez en cuando creemos, o más bien, nos hacen creer, que podemos solucionar las cosas. Nada más lejos de la realidad. Será pesimismo, pero pienso que lo máximo que se nos permite es el derecho a pataleo y disfrutar en directo (ventanita arriba de nuestros televisores las 24 horas con lo que ocurre en la plaza egipcia) de lo que debemos creer que sucede en el mundo.

Por Jorge Portillo Martín